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Esclavos en su juventud

Detrás de numerosos negocios, existe una mano de obra infantil explotada, que no llega a los cien euros al mes por el trabajo que hacen.
Existen millones de niños explotados, la necesidad de porque lo hacen, es para ayudar a sus familias. A las empresas que los utilizan, le sale mas rentable la mano de obra, ya que, los chavales son inconscientes de lo que les espera.
El lema de las empresas es producir mucho, barato, y rápido.
Otros casos como Pakistán, Nepal o India niños menores de 10 años ya trabajan tejiendo alfombra.
En un periódico de Hong Kong se publicó, que los juguetes que regalaban la multinacional MC Donald's, eran fabricados por asiáticos de entre 12 y 17 años. También se publico que la marca Nike en China utilizaba a mas de 1.500 jóvenes para fabricar las prendas deportivas de esta firma.

A nosotras nos parece muy mal que tengan a niños menores trabajando día y noche sobreexplotados. Deberían cerrar las marcas y fabricas que lo hacen, ya que las personas que las utilizan no saben estos problemas. Creemos que ustedes estáis de acuerdos con nosotras en que esto se debe de acabar.
Como ya sabéis la infancia es periodo comprendido entre el momento del nacimiento y los 12 años, aproximadamente. Esta primera etapa de la vida es fundamental en el desarrollo, pues de ella va a depender la evolución posterior, y sus características primordiales.
Durante este periodo de vida se debe estudiar y formarse para que en un futuro tenga un trabajo que lo mantenga.
Si no compramos los productos de estas marcas, estos niños no tendrían trabajo y entonces no comerían.
¿Cuál es la solución? Deberíamos ser mas solidarios con las personas de estos países, para que tengan más dinero y que los niños no tengan que trabajar a esta edad.

Marta Suárez y Marta Pavón

Aumenta la violencia en el fútbol

La falta de seguridad en los campos e incluso la irresponsabilidad de los mayores mandatarios de los clubes provocan, día a día, un aumento de la violencia, tanto en el terreno de juego como en las gradas.

¿Desde cuando venimos hablando de la violencia en los campo? ¿Desde cuando se viene criticando la escasez de medios en la vigilancia en los accesos al campo? ¿Desde cuando se viene hablando de la falta de control de objetos que se introducen en éste? ¿Por qué no hay cámaras de seguridad en las gradas, que vigilen a los aficionados que puedan realizar actos violentos?

Es probable, que no sea la primera ni la última vez que en un partido de fútbol, haya personas heridas, detenidas o incluso personas que fallecen disfrutando del encuentro.
Desde nuestro punto de vista pensamos que, si se sancionaran a todas las aficiones o se multaran a los equipos, podríamos reducir la violencia. Al igual que, si existieran policías a pie de campo o entre las gradas, la gente con el debido respeto a las autoridades ,reduciría la agresividad.

Sin embargo, esas sanciones no se cumplen con todos los clubes, lo que provoca una rivalidad entre aficiones y entre identidades.

En nuestra opinión, se debería tomar medidas con aquellas personas en concreto que realizan acciones vandálicas o tiran objetos de cualquier tamaño al terreno de juego.

Un claro ejemplo es lo ocurrido en el Manuel Ruiz de Lopera, en el pasado derbi copero. Un señor reconocido por una periodista, arrojó al campo una botella de medio litro de Coca-Cola que golpeó al entrenador del Sevilla F.C. , D. Juande Ramos, causándole un traumatismo craneocefálico. La Federación consideró que los minutos restantes del encuentro se aplazaran para otro día.

Nosotras opinamos, que este señor debería ir a la cárcel o ser sancionado, así de este modo la gente pensaría, antes de realizar un acto violento, en la sanción que recibió él.

Así pues, pensamos que debe aumentar la seguridad en todos los campos y sancionar sin excepción a los clubes que no cumplan el reglamento.

Cristina y Eva 3ºA

Contra la libertad de "De Juana Chaos"

La justicia va cada vez peor, ¿cómo se puede dejar en libertad a un terrorista que ha matado a muchas personas a sangre fría? Todo esto tiene una respuesta: que el Estado se lava las manos y dejan que el preso "cumpla" su condena en su casa con el riesgo de que éste mate a otras personas.

Desde nuestro punto de vista, no hay derecho a esto, porque si una persona mata a tanta gente, se ponga o no en huelga de hambre para ponerse enfermo y así conseguir su libertad, no puede estar libre. Hay que pensar en esas personas fallecidas que no tuvieron culpa de nada y no en el asesino que, ahora, intenta dar pena, cosa que ha conseguido por parte del Estado.

Seguramente, ustedes me dirán que una persona enferma tiene derecho a estar libre. Lo digo porque hay mucha gente que lo comenta, y que no está de acuerdo con nuestra opinión, pero nosotras os podemos convencer de que ésta persona no estaba enferma realmente. Él solo se había buscado estar en ese estado, ya que él se arriesgaba a morir poniéndose en huelga de hambre.

Por lo tanto, queremos que no vuelva a suceder algo parecido, y que la justicia lo reflexione y piense de otra manera, sabiendo que si ésa persona vuelve a cometer otro delito, será porque ellos, por su lástima, lo soltaron y vive en libertad.

Conchi, Carmen Rocío, Lorena 3ºA

La vida

niños

Recuerdo mi infancia divertida,
Años en que no había problemas,
Todo era felicidad y alegría
Y había muchas sorpresas.

Iba transcurriendo lentamente,
Cada vez todo era más difícil.
Los años rápidos pasaban
Y yo más me preocupaba.

Ahora ya somos mayores,
Comprendemos la vida,
Aprendemos de los errores
Y la vemos más calmada.

No sé como será el futuro,
Me imagino que tranquilo,
Pasaran las épocas duras
Y ya no habrá más amargura.

Cada vez que pienso en la muerte,
Me preguntó cómo será,
No me imagino ese momento,
En que mi vida acabará.

María del mar y Verónica

Por fin hay costaleras en Sevilla

CostalerasEl pasado 28 de enero, tres mujeres costaleras, Sonia, María Dolores e Isabel, se metieron por primera vez bajo las trabajaderas de un paso de Sevilla, concretamente portaron al Niño Jesús de Praga de la Hermandad del Carmen de la Iglesia del Santo Ángel.

Esto ha creado una gran polémica en la ciudad, pues la mayoría de la sociedad piensa que las mujeres no están capacitadas físicamente para llevar a cabo esta labor.

Nosotras no estamos de acuerdo con esta opinión puesto que es un hecho que muchas mujeres han realizado trabajos que requieren un gran esfuerzo físico y resistencia, como es el caso de Edurne Pasabán, alpinista vasca que consiguió coronar sola la cima Lhotse (8516m) y es ya su cuarto ochomil; además ha sido galardonada con varios premios, entre ellos se encuentra el premio a la mejor deportista en activo del 2005, por la Comisión Mujer y Deporte del Comité Olímpico Español.

Con este ejemplo pretendemos transmitir y estarán de acuerdo con nosotras, en que no hace falta ser hombre para ser fuerte, ni serlo para poder salir bajo un paso. Si las mujeres se integran cada vez más en los trabajos remunerados que desde antiguo fueron ejercidos por hombres, ¿por qué negarles el derecho de ser costaleras?

Aunque aumenta el número de personas que están a favor de esta igualdad de derechos, todavía hay una gran mayoría que no lo aprueban, ya que muchas hermandades no permiten que sus pasos sean levantados por mujeres.

Al igual que para que las mujeres pudieran ser costaleras se ha tenido que esperar mucho tiempo, por lo visto también se va a tener esperar para que éstas puedan portar el paso que quieran.

Ojalá sea pronto, pues es lo justo.

Jessica Vaz y Rocío Márquez 3ºA

La chica de mi vida

Era un día como otro cualquiera. Me encontraba en mi trabajo etiquetando los productos del supermercado, como siempre, cuando de pronto pasó una chavala de unos 17 años, morena, pelo rizado y largo, labios carnosos, con minifalda... ¡humm!
Me quedé embobado mirándola y, sin darme cuenta, le coloqué a un hombre bajito y bigotudo una etiqueta en la espalda. Como no se inmutó porque estaba muy atento mirando una botella de vino, no le dije nada para que no me echara la charla y seguí tras la chica.
Pasó un tiempo y se me acabo el rollo de la máquina, quise ir a cambiarlo, me despisté y ella desapareció. Me puse muy triste, ya que no tengo suerte con las chicas porque soy muy tímido y nunca he tenido novia. Comencé de nuevo mi recorrido por el supermercado, cuando de pronto escuché un berrido:
— ¡Ahhhh! ¡Señora, suélteme, por el amor de dios!
Me acerqué rápidamente a ver lo que pasaba y... era el mismo señor bajito y bigotudo al que sin darme cuenta le puse la pegatina.
Estaba histérico, pataleando, colgado de la mano de una señora obesa y muy acicalada. Todo el mundo miraba sorprendido, hasta la chica de la minifalda.
Al parecer el señor no se había dado cuenta de lo que tenía en la espalda, se había paseado por todo el supermercado con la pegatina puesta, la señora lo había visto y se lo quiso llevar a su casa porque creyó que estaba en venta.
Al final todo quedó en un susto porque me presenté y conté toda la verdad, la señora lo comprendió y soltó al señor, les pedí disculpas a los clientes y todo se arregló.
Me descontaron una semana de sueldo y todo el mundo se fue del supermercado menos ella.. era la chica de la minifalda, parecía un ángel que se acercaba lentamente:
—Hola ¿cómo estas?—me preguntó.
—Regular, me acaban de echar la bronca, encima de que he contado la verdad—le respondí.
— Lo siento, lo he oído todo, pero me parece que ha sido muy valiente por tu parte contar lo que ha pasado—me aclaró.
— Gracias por entenderme—le comenté.
— Bueno, ¿y cómo te llamas?—me dijo.
— Pedro. ¿Y tu?—le contesté.
— Susana. ¿Quieres que nos tomemos un café y me cuentes mas detalladamente lo que te ha sucedido?—insinuó.
— ¡Vale, me parece buena idea!—exclamé.
— Pues vamos, pero pagaré yo, ya que te han quitado el sueldo durante una semana—susurró sonriendo.
Y así la conocí, ahora es mi novia, llevo dos años con ella y es la chica de mi vida.

Marta Pavón Pueda 3ºA

Un juego de palabras

- Ángel recoge amapolas y Pedrito, romero.
- Ana pelea con bombas y Elisa con armas.
- Anabel es samurái y el padre de Cristina, guerrero.
- Yo me peino el pelo y Mª del Mar, el cabello.
- Alberto va en coche y Ángel, en mula.
- José visita al Papa y José Antonio a los Reyes.
- Manolo puso el árbol y Antonio, las banderas.
- Alejandro pierde y Ana consigue la victoria.
- Mariano es costurero y José Luis, zapatero.
- David abre la ventana y Antonio, la puerta.
- Kanouté es negro y Kepa, blanco.
- Luís corta los pantalones y Álvaro, la manga.
- Escudé va a la playa y Pablo al faro.
- Ángel topa los marcos e Iker, las casillas.
- Jesús fue a Vitoria y Cristóbal, a Soria.
- Luisa fue a Córdoba y Carmen, a Sevilla
- Luís fue a la Semana Santa y Carmen al Rocío.
-El hijo de Schumacher se llama Míchel y el de Fernando, Alonso.

Firmado:
Luís Antonio "Luisinho"
Pedro José "Pedrito"

¡Señor a la venta!

supermercado.jpg

Otro día más, y con éste ya van cinco, al próximo me despiden, y todo por mi continuo e inevitable despiste. Esta vez creo que ha sido la peor de todas. Fue ayer por la mañana, en el supermercado donde trabajo, cuando pedí permiso para coger la máquina etiquetadora y marcar los productos, al gruñón de Roberto, mi superior, quien me contestó:

—¿A ti? ¡Con lo caras que son esas máquinas y para que la estropees!

—Que no, Roberto, te aseguro que echaré cuenta de ella, además ya me toca cambiar de trabajo —le expliqué, pues todas las semanas cambiamos de puesto.

—Está bien, Claudio, pero ya sabes, ¿eh?

—Gracias, majete —le dije dándole una palmadita en la espalda.

Después de conseguir mi maquinita, me dirigí a la calle de los lácteos, pues es la que menos me gusta. Al final del pasillo distinguí al señor Fuentes, un buen cliente nuestro, bajito, sin pelo, con un bigote muy cuidado y siempre elegante.
Pensé que cuando llegase a él lo saludaría, pero cuando me disponía a hacerlo apareció Inés, la hermana de mi mejor amigo; aunque a decir verdad sólo me junto con él porque me gusta su hermana. Ella es alta, atractiva y algo rebelde; iba vestida con una minifalda y un top y “para variar”, me quedé embobado, aun así me dispuse a saludarla:

—Ho... hola Inés, ¿qué tal?

—Hola... tú —me respondió, ni siquiera se acordaba de mi nombre, aunque ahora que lo pienso, nunca nos han presentado como es debido.

—Claudio —indiqué.

—Sí, eso, ¿trabajas aquí?

—Si... empecé hace 2 meses.

—Ah, no lo sabía, bueno tengo que seguir comprando que tengo prisa.
¡Adiós!

—Adiós, y dile a tu hermano que después voy a su casa —añadí.
—De acuerdo—contestó, con una risita que me dejó algo desconcertado.
En fin, que con la charla me olvidé del Señor Fuentes y según me dijo un compañero y después pude comprobar, sin darme cuenta lo etiqueté en la espalda (fue entonces cuando comprendí la risa de Inés). Pero lo peor ocurrió a continuación: mientras el señor seguía mirando su lista y comprando, doña Jimena, una mujer gruesa, mas bien obesa y vestida con un traje primaveral algo hortero, bah, para qué engañarnos, muy hortero, vio la etiqueta en la espalda del Señor Fuente. La señora, asegurándose de que lo que estaba viendo era cierto, decidió meterlo en su cesta:

—Debe de ser la oferta de la semana—reflexionó—; ya era hora de que pusiesen algo que valiese la pena.

—Señora, ¿pero qué hace? ¡Yo no soy ninguna oferta! ¡ Soy un cliente como usted!—gritó el hombre.

—Uy, pues eso no es lo que pone en su espalda...

—¡Señora, que me suelte! ¿Pero qué se cree?

—¡ Y además barato! Ja, ja, ja, esto es mejor que el kilo de helado de chocolate que tomo para merendar—reía Doña Jimena.

El Señor Fuentes, protestando, intentaba salir del carro, pero ella se lo impedía. El mayor numerito se montó en la caja del supermercado. Cuando Doña Jimena lo puso en la cinta transportadora, el hombre comenzó a berrear y patalear de forma que llamó la atención de toda la clientela.

María, la cajera, una solterona amargada sin solución que me odia preguntó:

—¿Qué es lo que pasa, señora?

—Pues que como he visto que éste señor está a la venta, lo he echado en mi carro, pero él se niega a que lo compre—explicó mientras lo sujetaba con esfuerzo.

—¿Pero cómo va a estar éste señor a la venta? ¡Si es uno de nuestros clientes! ¡Suéltelo, por favor!— replicó la amargada.

—¿Qué no? Mírele la espalda—dijo dándole la vuelta al hombre—; compruébelo, niña.

—Para su información, mi nombre es María y ya soy lo bastante grandecita como para que usted me llame “niña”, ahora suelte al hombre y déjelo hablar, anda.

Doña Jimena, resignada y asombrada por la contestación de la cajera, soltó al Señor Fuentes, quien exclamó:

—¡YO NO ESTOY EN VENTA! ¡Solo he venido a comprar mi almuerzo! No sé cómo ha llegado ésta etiqueta a mi espalda—y se la arrancó.

Y, cómo no, María la delatora oficial de mis despistes, gritó por su micrófono, la muy chivata:

—¡Claudio! Acude a caja inmediatamente.

Yo me dirigí a la caja, consciente de que la había liado otra vez; no había dado tiempo para explicar nada cuando ella me habló con el tono sarcástico que siempre tiene reservado para mí:

—Claudio, ¿no habrás sido tú por casualidad, quien hoy ha estado etiquetando los productos y de paso también a nuestro gran cliente, el Señor Fuentes...?

—Sí, he sido yo, me entretuve y le puse una etiqueta sin querer, lo siento Señor Fuentes, lo siento mucho—me disculpé, fulminando con la mirada a María.

—Bah, tú y tus despistes Claudio, eres un desastre —dijo ella.

—No pasa nada, muchacho, es ésta señora que es una cabezota y no piensa que no tiene lógica que un hombre esté a la venta en un supermercado... Por Dios, ¡en qué mundo estamos!

Doña Jimena comprendió que no tenía razón, y añadió, agachando la cabeza y haciendo pucheritos:

—Perdone, señor, es que como estoy tan sólo acompañada por mi gato peludo y malaje, vi en usted una buena oportunidad de no estar tan sola...

El Señor Fuentes quitó su cara de enfado:

—Bueno, no importa, mujer, además ahora que lo pienso, yo también estoy solo y necesito alguien que me dé compañía —argumentó, enternecido, guiñándole un ojo a Doña Jimena.

Lo que ella le contestó nadie lo escuchó, puesto que se formó un alboroto y la señora lo hizo entre risitas, pero lo que sí vimos es que se fueron juntos. Todo el mundo comentaba lo ocurrido y reía, todos, menos yo, que fui sancionado con una semana sin sueldo por mis incontables descuidos y casi pierdo mi trabajo por culpa de la odiosa de María, suerte que el encargado venía contento (le habían aumentado el sueldo) y a que le convencí (otra vez) de que no ocurriría más. Lo intentaré.

Rocío Márquez Fernández 3ºA

¿Por qué todo el mundo rehace su vida?

super.jpgEra un día como otro cualquiera, el despertador sonó como siempre a las seis y media; un sonido un poco desagradable, me gustaba más la dulce voz de mamá, pero desde que me independicé nada es como antes. Echo de menos a mamá, su olor, su comida, sus llamadas a Juan Imedio; y ahora encima, mi mujer, Eva, me pide la separación. Me siento muy solo, no tengo casi amigos, mi única esperanza es el supermercado; pero ya, ni eso, porque todo el mundo rehace su vida menos yo. Te contaré una historia que pasó recientemente...
Entré a trabajar cinco minutos antes, para colocar los precios, no me dio tiempo a terminar antes de que abriesen, por eso, mi encargada, Clotilde, Cloti para los amigos —una señora muy atractiva, pero claro, casada, con hijos y con vida propia ¡qué envidia!, y su marido deberá de ser muy guapo, inteligente, y tendrá un sueldo superior a 500 euros al mes— me dijo que pusiese las etiquetas mientras la gente compraba.
Estaba desesperado, ya no sabía qué hacer, ni qué pensar, encima como Eva me ha echado de casa, pues tengo que pagar el alquiler de un piso y con este sueldo… ¡no me llega! Por eso aquella tarde me quedé a hacer horas extras.

Yo estaba con mi etiquetadora y observaba a los clientes de siempre: Don Alfonso, un hombre ya un poco mayor, miope, bajito y calvo, muy buena gente el señor, y Doña Francisca, un poco testaruda, pero no mala persona.
En ese momento pasó Pili, una chica joven, guapa, hermosa, que ese día llevaba un top y una minifalda, mi debilidad, me quedé embobado, porque me había enterado que había roto con el novio, por eso me decidí a lanzarme o por lo menos mantener una conversación con ella:
-¡Hola!— le dije
– ¡Buenos días, Emilio!— contestó
Yo me sentí tan orgulloso, no solamente porque se supiese mi nombre, sino porque había sido capaz de hablarle, que decidí lanzarme completamente; pero era demasiado tarde, se había ido a los lácteos, porque yo tardé en reaccionar a causa de la emoción.
En ese momento no me di cuenta, pero luego me contaron que mientras yo mantenía la conversación con Pili, le puse sin querer una etiqueta a Don Alfonso, mientras él estaba completamente concentrado leyendo las etiquetas de los vinos.
Él siguió su ruta hacia la chacina, nadie se dio cuenta que llevaba una etiqueta en su chaqueta excepto Doña Paca, una señora un poco… bueno, bastante gruesa, que venía todos los días con siete gatos. Siempre los deja en la puerta, ya que un día tuvo un enfrentamiento con el vigilante. Ella sabe que él tiene alergia a los gatos y le hace esa trastada. Siempre compra comida para gatos, pan, vino, chacina y un buen bistec.
Doña Paca se quedó pasmada al ver que ese hombre estaba a la venta. Como se sentía muy sola, decidió llevárselo. Cuando Don Alfonso sintió que se elevaba para ser introducido en un carro de comida, empezó a gritar exageradamente.
Desde ese día Don Alfonso siempre viene a comprar comida para gatos...
Ana Victoria Suárez

¿Disfrutamos la vida?

La vida comienza al nacer, teóricamente, aunque hay veces que la verdadera vida comienza a mitad de nuestra existencia. Ya que muchas veces, cuando se nace nos suceden cosas que nos hace imposible disfrutar de la misma.

Hay que aprovechar cada minuto de la vida como si fuera el último. Aunque, sabiendo en cada momento lo que queremos y no dejándonos llevar por otras personas; porque nunca se sabe cuando llegará a su fin, y al llegar ese momento podemos arrepentirnos de no haber ido a ese lugar, de haber dejado escapar a esa persona. Y siempre nos parece que no hemos vivido lo suficiente y que nos queda algo por hacer.

También están los sentimientos que nos acompañan y los que a veces son confusos o nos hacen cometer errores que nos gustarían olvidar. Por eso a lo largo de nuestra vida debemos aprender a controlarlos y entenderlos para poder vivir lo mejor posible.

Una metáfora de la vida puede ser: La vida es como un mar, se ve el principio, pero no el final. Esto quiere decir que el principio de la vida comienza al nacer y el mar empieza en la orilla, lo que todo el mundo ve; al situarnos en la orilla no se ve el final del mar, y así como en la vida nunca se puede saber cuando acaba. A veces larga y otras veces corta.

En conclusión, hay que vivir la vida, pero sabiendo lo que se hace y lo que se quiere sin dejarnos influenciar.

Jessica Vaz Garrucho 3ºA