¿Don Miguel en venta?
¡Vamos, la que lié el otro día en el supermercado!
Estaba etiquetando los cereales cuando vi a Loli, mi vecina de enfrente, con una minifalda y un top y me quedé embobado. Lo peor es que sin darme cuenta le puse una etiqueta a don Miguel, un cliente habitual, que desde que lo dejó su mujer se lleva las horas y las horas en el supermercado. Aunque es bajito y un poco feo, es simpático.
Bueno, lo que te estaba contando, que Miguel siguió su camino y, aunque me había dado cuenta, me dio vergüenza decirle lo sucedido.
Éste había llegado a la sección de congelados y allí estaba ella, María, una señora gruesa que desde que había visto a don Miguel se había enamorado de él.
Yo lo observaba todo desde la estantería del fondo.
—Buenos días— saludó doña María
—Muy buenas, ¿qué tal?— respondió educadamente don Miguel
—Pues bien, comprando para hacer un puchero, que con este frío...
—Entonces la dejo que siga con sus compras.
Aunque no se conocían de nada, doña María siempre tenía una excusa para hablar con él.
Al darse la vuelta, doña María descubrió la etiqueta y muy sorprendida, lo agarró, lo echó en el carro y se lo llevó a la caja.
—Suélteme, suélteme—repetía una y otra vez don Miguel.
—Eres mío y pienso llevarte a casa sea como sea—refunfuñaba doña María— y además, estás a muy buen precio.
—¿Cómo que estoy a muy buen precio?, ¿a qué se refiere?— y muy desconcertado, exclamó— ¡¡Yo no me prostituyo ni me vendo, que se ha creído usted!!
—Pero… - dejándolo de nuevo en el suelo— ¿y la etiqueta que lleva en la chaqueta?
—Creo que yo sé de quien es la culpa— intervino Mercedes, la cajera, y con un gesto de muñeca me apuntó con su larguirucho dedo— Jesús, ven aquí.
—¿Qué ocurre?— pregunté como si la cosa no fuera conmigo.
—¡Que qué ocurre! Que esta señora me pretende comprar y aún preguntas que qué ocurre, como si usted no lo supiera—gritó don Miguel muy indignado.
Y aquí me veo sin trabajo y sin nada por culpa de la etiqueta, y encima, don Miguel me puso una demanda y doña María otra y no sé como los voy a indemnizar. Lo más curioso de ésta historia es que, según me ha contado Mercedes, don Miguel ya no va al supermercado porque le ha cogido miedo a doña María y ésta tampoco va porque dice que para lo único que iba era para ver a don Miguel y como ya no va él, pues para que va a ir ella, con lo caro que se ha puesto el puchero.
Jessica Vaz Garrucho 3ºA


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