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Mega Shop tiene un producto nuevo

Era una mañana de gran clientela en ‘Mega Shop’. Como todos los miércoles, Bonifacio, el dependiente más joven del supermercado, le correspondía etiquetar, aquellos productos rebajados o con descuento.

Sin pensarlo más, se dispuso a colocar las etiquetas empezando por la calle de los productos de limpieza. Tras etiquetar los productos del primer expositor sonó por la megafonía:

—¡Tín,tín,tín! Sr. Bonifacio acuda a la caja nº3.

El joven, un poco preocupado, se dirigió hacia la caja, y preguntó:

—Narcisa, ¿me has llamado tú?

—Sí. El jefe quiere que etiquetes antes que nada los lácteos y cereales- contestó la cajera.

—Vale,vale. Dame otro rollo de etiquetas que este se está acabando - pidió Narcisa.

El dependiente se dirigió hacia la calle y comenzó con su trabajo. Al instante, un poco despistado al ver pasar con su carrito, una chavala con mini falda y top, desvió su vista por un momento y colocó el precio de un producto sobre el señor que consultaba el precio de una botella.
Este señor era habitual cliente, se llamaba Ambrosio Saturnino.
Él no sintió nada en su espalda, debido a la excesiva concentración que prestaba para consultar el precio del artículo.
Bonifacio se paró a cambiar el rollo y el señor se fue a mirar los congelados. Mientras él miraba, Florencia, una señora obesa que siempre iba muy emperifollada y madre de la cajera nº1, se asombró y se caló las gafas, para ver el precio que le habían pegado a Saturnino en la espalda.
A la señora le pareció buen precio y lo cogió muy contenta y lo metió en su carro junto a las hortalizas.
Florencia bien contenta se dirigió hacia la caja nº3.Allí estaba Narcisa como todas las mañanas, muy arreglada y pintada sentada en su silla.
La señora puso a Saturnino en la cinta transportadora:

—¡ Gordaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! Yo no me vendo, soy un hombre muy decente y no tengo precio – gritó el señor- A la persona que me haya puesto el precio la voy a denunciar.

—Usted perdóneme. Mi compañero es muy despistado- se disculpó la cajera.

—¡Buahhh! ¡ Ahhh! ¡ Quítemela he dicho!- berreó Saturnino.

—¡Ay!, mi calvito, qué simpático es – dijo Florencia con tono irónico.

—¡Usted, gorda bella, suélteme!- insistió el hombre.

Saturnino ya no aguantó más y mordió a Florencia. El señor calló al suelo y ella lo aplastó con la barriga y el carrito.
Narcisa asustada llamó a la seguridad y se llevaron a Florencia.
Saturnino acabo con varias heridas leves, y en el hospital, ya no fue más a ese supermercado.

Meses más tarde, por una avenida de Sevilla, Saturnino y Florencia se cruzaron, y aquello fue un encuentro de miradas. El señor la insultó nada mas verla, y Florencia no pudo más con la farsa, se acercó a él y le indicó con el dedo silencio mientras se arrimó y le dio un profundo y apasionado beso en la boca.

Después, de lo ocurrido ese día, ambos supieron que el amor de ambos era correspondido, y formaron una amistad que con el tiempo, llegó a una convivencia.

CRISTINA GUERRERO ONIEVA
3ºA


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