¿Por qué todo el mundo rehace su vida?
Era un día como otro cualquiera, el despertador sonó como siempre a las seis y media; un sonido un poco desagradable, me gustaba más la dulce voz de mamá, pero desde que me independicé nada es como antes. Echo de menos a mamá, su olor, su comida, sus llamadas a Juan Imedio; y ahora encima, mi mujer, Eva, me pide la separación. Me siento muy solo, no tengo casi amigos, mi única esperanza es el supermercado; pero ya, ni eso, porque todo el mundo rehace su vida menos yo. Te contaré una historia que pasó recientemente...
Entré a trabajar cinco minutos antes, para colocar los precios, no me dio tiempo a terminar antes de que abriesen, por eso, mi encargada, Clotilde, Cloti para los amigos —una señora muy atractiva, pero claro, casada, con hijos y con vida propia ¡qué envidia!, y su marido deberá de ser muy guapo, inteligente, y tendrá un sueldo superior a 500 euros al mes— me dijo que pusiese las etiquetas mientras la gente compraba.
Estaba desesperado, ya no sabía qué hacer, ni qué pensar, encima como Eva me ha echado de casa, pues tengo que pagar el alquiler de un piso y con este sueldo… ¡no me llega! Por eso aquella tarde me quedé a hacer horas extras.
Yo estaba con mi etiquetadora y observaba a los clientes de siempre: Don Alfonso, un hombre ya un poco mayor, miope, bajito y calvo, muy buena gente el señor, y Doña Francisca, un poco testaruda, pero no mala persona.
En ese momento pasó Pili, una chica joven, guapa, hermosa, que ese día llevaba un top y una minifalda, mi debilidad, me quedé embobado, porque me había enterado que había roto con el novio, por eso me decidí a lanzarme o por lo menos mantener una conversación con ella:
-¡Hola!— le dije
– ¡Buenos días, Emilio!— contestó
Yo me sentí tan orgulloso, no solamente porque se supiese mi nombre, sino porque había sido capaz de hablarle, que decidí lanzarme completamente; pero era demasiado tarde, se había ido a los lácteos, porque yo tardé en reaccionar a causa de la emoción.
En ese momento no me di cuenta, pero luego me contaron que mientras yo mantenía la conversación con Pili, le puse sin querer una etiqueta a Don Alfonso, mientras él estaba completamente concentrado leyendo las etiquetas de los vinos.
Él siguió su ruta hacia la chacina, nadie se dio cuenta que llevaba una etiqueta en su chaqueta excepto Doña Paca, una señora un poco… bueno, bastante gruesa, que venía todos los días con siete gatos. Siempre los deja en la puerta, ya que un día tuvo un enfrentamiento con el vigilante. Ella sabe que él tiene alergia a los gatos y le hace esa trastada. Siempre compra comida para gatos, pan, vino, chacina y un buen bistec.
Doña Paca se quedó pasmada al ver que ese hombre estaba a la venta. Como se sentía muy sola, decidió llevárselo. Cuando Don Alfonso sintió que se elevaba para ser introducido en un carro de comida, empezó a gritar exageradamente.
Desde ese día Don Alfonso siempre viene a comprar comida para gatos...
Ana Victoria Suárez


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¡Qué poderío, Ana! Hasta con imágenes.
Señoritaaa!!! hay que ver que niños mas sosos :(, que yo les escribo a ellos con toda mi ilusion... y me meto en la pagina y digo: oye! a ver si mis amables compañeros me han dejado un pequeño comentario.. pero nada... en fin.. yo siembro y no recojo jijiji FIRMARMEEEEEEE!!!!!
Pues a mí me pasa lo mismo, Ana, que siembro y recojo poco. Menos mal que estáis Rocío, tú y algunos más que me animáis.
Ana muy gracioso jaja!! esta muy bien, ya lo había leido antes y como pides comentarios y tu comentas mucho, pues ya está...jaja xDD que hay que escribir más, hombre!! que para eso es nuestro blog, venga me voy que no la quiero cagar más. Dew
Hola!Esta mu gracioso Ana!xD te voy a firmar hija que sino no firma aqui nadie...ah!y gracias por poner mi nombre en tu historia gracias por acordarte de mii!!