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La chica de mi vida

Era un día como otro cualquiera. Me encontraba en mi trabajo etiquetando los productos del supermercado, como siempre, cuando de pronto pasó una chavala de unos 17 años, morena, pelo rizado y largo, labios carnosos, con minifalda... ¡humm!
Me quedé embobado mirándola y, sin darme cuenta, le coloqué a un hombre bajito y bigotudo una etiqueta en la espalda. Como no se inmutó porque estaba muy atento mirando una botella de vino, no le dije nada para que no me echara la charla y seguí tras la chica.
Pasó un tiempo y se me acabo el rollo de la máquina, quise ir a cambiarlo, me despisté y ella desapareció. Me puse muy triste, ya que no tengo suerte con las chicas porque soy muy tímido y nunca he tenido novia. Comencé de nuevo mi recorrido por el supermercado, cuando de pronto escuché un berrido:
— ¡Ahhhh! ¡Señora, suélteme, por el amor de dios!
Me acerqué rápidamente a ver lo que pasaba y... era el mismo señor bajito y bigotudo al que sin darme cuenta le puse la pegatina.
Estaba histérico, pataleando, colgado de la mano de una señora obesa y muy acicalada. Todo el mundo miraba sorprendido, hasta la chica de la minifalda.
Al parecer el señor no se había dado cuenta de lo que tenía en la espalda, se había paseado por todo el supermercado con la pegatina puesta, la señora lo había visto y se lo quiso llevar a su casa porque creyó que estaba en venta.
Al final todo quedó en un susto porque me presenté y conté toda la verdad, la señora lo comprendió y soltó al señor, les pedí disculpas a los clientes y todo se arregló.
Me descontaron una semana de sueldo y todo el mundo se fue del supermercado menos ella.. era la chica de la minifalda, parecía un ángel que se acercaba lentamente:
—Hola ¿cómo estas?—me preguntó.
—Regular, me acaban de echar la bronca, encima de que he contado la verdad—le respondí.
— Lo siento, lo he oído todo, pero me parece que ha sido muy valiente por tu parte contar lo que ha pasado—me aclaró.
— Gracias por entenderme—le comenté.
— Bueno, ¿y cómo te llamas?—me dijo.
— Pedro. ¿Y tu?—le contesté.
— Susana. ¿Quieres que nos tomemos un café y me cuentes mas detalladamente lo que te ha sucedido?—insinuó.
— ¡Vale, me parece buena idea!—exclamé.
— Pues vamos, pero pagaré yo, ya que te han quitado el sueldo durante una semana—susurró sonriendo.
Y así la conocí, ahora es mi novia, llevo dos años con ella y es la chica de mi vida.

Marta Pavón Pueda 3ºA


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